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HISTORIA DE LA SAL

HISTORIA DE LA SAL

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Las 6 comidas más caras del mundo

Las 6 comidas más caras del mundo

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POR: ESTILO HOY

Estilohoy.com hizo una investigación para saber cuáles son las comidas más caras del mundo. Pero ojo, no se trata de platillos elaborados en restaurantes de lujo, sino ingredientes individuales con los que se pueden elaborar las más sofisticadas gastronomías.

Azafrán
La especie más cara en el mundo se vende por gramos, en pequeñísimas cantidades dentro de lujosos paquetes.

Se cultiva principalmente en España, Irán Grecia, e India. Cada flor tiene sólo 3 pistilos por lo que es muy difícil acumular grandes cantidades. Se suele usar en la preparación de la paella.

Trufa blanca
Considerada desde tiempos antiguos como afrodisíaca, la trufa blanca está entre las comidas más caras del mundo.

Su alto costo se debe en especial a la dificultad para encontrarlas. Habitualmente se utilizan perros y cerdos para hallarlas.

La variedad blanca de invierno es la más cara. El valor para el medio kilo oscila entre los 6 mil y 10 mil dólares.

Caviar iraní
El caviar o huevo de esturión proviene de los peces que habitan el Mar Caspio. Es favorito de fiestas neoyorquinas, bodas y otras celebraciones.

El de tipo beluga, que es el mejor de todos, alcanza precios para la libra superiores a 4 mil dólares.

Una segunda opción es el caviar osetra, también de muy buena calidad aunque algo más barato. Una onza, algo así como 30 gramos llega a valer 147 dólares.

Carne de Kobe
La carne de buey Kobe es muy apreciada por su exquisito sabor y suave textura. La encontrarás sólo en refinados restaurantes. Es una de las comidas más caras del munod pues su precio superan los 50 dólares por 100 gramos.

Proviene del ganado japonés de Wagyu, aunque también hay un tipo americano que generalmente es 50% más barato.

Se recomienda cocinarlo a alta temperatura, la cual luego debe descender con cuidado. De esta manera a un calor menor la grasa se derretirá y cubrirá la carne con un increíble sabor.

Vainilla
Contrario a lo que se suele pensar la vainilla es una de las comidas más caras del mundo. ¿Su precio? 6 gramos cuestan 14,95 dólares y una botella de extracto de 100 gramos supera los 8 dólares.

Los granos de la vainilla provienen de una flor tropical originaria de México, aunque Madagascar e Indonesia son los mayores productores.

Hígado de pato o ganso
Es una exquisitez que no podía faltar en la mesa de los romanos, pero sólo de los más adinerados. Hoy los franceses son los más entusiastas de esta comida que es también de las más caras del mundo.

Tradicionalmente se sirve como aperitivo. América y Asia lo han incorporado poco a poco a su menú. En su preparación se utiliza miel y leche.

La trufa negra

“Hay dos razas de comedores de trufas: una que cree que son buenas porque son caras, y otra que sabe que son caras porque son buenas” (Brillat Savarin)

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La trufa

http://www.cbg.es/blog/2013/01/25/la-trufa-un-tesoro-escondido/

Estamos en plena época de recolección de este preciado hongo subterráneo. Por ello hacemos un especial Trufa en nuestro blog, empezando primero con un poco de historia.

Eran conocidas y muy apreciadas por los egipcios que las preparaban rebozadas en grasa y cocidas en papillote. También las conocían los griegos y los romanos aunque ellos les atribuían virtudes afrodisíacas más que gastronómicas. En la Edad Media eran vistas como una manifestación del demonio, debido a su color negro y a su aspecto amorfo, y al lugar donde se encontraban (bosques de brujas y hechiceros) y al hecho de ser afrodisíacas. Estos perjuicios hicieron que la trufa cayera en el olvido, quedando patente en los libros de cocina de la época, donde no aparece como ingrediente de ninguna receta. Volvió a resurgir en el Renacimiento pero sufrió otro eclipse y no fue hasta principios del siglo XVIII que se empezaron a  buscar, localizar y cosechar, con la ayuda de cerdos y perros.  Entonces las trufas empezaron a ser objeto de gran lujo, se servían únicamente en las mesas de poderosos señores, recuperando así, gracias a los cocineros de la época, el fervor perdido.

Hoy en día, las trufas se siguen considerando como un alimento de gran poder afrodisíaco y sobretodo como aromatizante por excelencia, para condimentar o aromatizar variedad de platos exquisitos y darles un toque de distinción personal.

La recolección

La búsqueda de trufas tradicionalmente era realizada por cerdos adiestrados, pero tenían el problema que cuando las encontraban se las comían, por este motivo, actualmente se adiestran perros para su búsqueda y localización.

Debemos situarnos en un bosque de encinas, que es donde se encuentran mayoritariamente, aunque también se pueden conseguir en bosques de avellanos y de robles. Una vez en el bosque hay que buscar un trufero, conocido también como “quemado”, debido a que es un lugar donde apenas crece hierba, dando sensación de suelo estéril, cómo si hubiera sido quemado.

Una vez en el trufero, el perro empieza su trabajo, es decir, localizar la trufa por medio de su olfato, comienza a dar vueltas olfateando todos los rincones hasta que el aroma que emana de la tierra le hace parar. La señala y escarba la tierra encima de donde se encuentra la trufa. Es en este momento cuando entra en acción el buscador de trufa con un instrumento especial adecuado para escarbar la tierra. Si la trufa no aparece al cabo de un rato de escarbar, se huele la tierra para comprobar que realmente está ahí y a continuación se llama de nuevo al perro para que vuelva a marcar el sitio. Finalmente, se encuentra la trufa. En algunas ocasiones esta no se encuentra en el agujero, esto puede ocurrir en el caso de que la trufa esté pasada y queden restos de olor que confundan al perro o en el caso de que el perro haya sacado la trufa sin darse cuenta fuera del agujero, entonces el perro marca donde se encuentra.

Es muy importante una buena compenetración entre el dueño y el perro, sólo de esta manera se pueden seguir con detalle las indicaciones del animal. El perro que sabe que su trabajo ha dado fruto le pide a su dueño su recompensa. La trufa va al costal y al perro se le premia con una comida especial. Sólo se le da el premio cuando la trufa encontrada es de las buenas, en caso de trufa” borde” no se premia al animal, así va diferenciando los olores que tienen recompensa.

Las trufas pierden de un 10 a un 20% de su peso cuando son lavadas, entre la tierra que llevan en el momento de recogerse y la deshidratación que sufren hasta que se vende.

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Consideraciones gastronómicas

Al pie de los Alpes nacen algunos de los vinos tintos más espléndidos de Italia y algunos de los blancos más deliciosos, delicados y perfumados. Todos elaborados con uvas autóctonas muy peculiares, destacamos el Barolo y el Barbaresco como tintos y al Gavi como blanco destacado. Otra de sus joyas es la trufa de Alba, una pasión que se esconde bajo los frodosos bosques del Piemonte Italiano. El perfume intrigante y fragante es muy particular. Brillant Savarín, autor de “Filosofía del Gusto”, el primer tratado de gastronomía, escribió en 1825, que la trufa es el diamante de la cocina.

Los precios de la trufa, a nivel mundial, son cada vez más elevados, ya que año tras año, la producción va mermando y la calidad del producto va aumentando. La trufa blanca, la más cara, en esta última edición de Madridfusión, Andrea Tumbarello la ha pagado a 8600€.

El aroma de la trufa blanca de Alba, es muy intenso y esto hace que se deba utilizar poca cantidad para satisfacer las necesidades de un comensal. Si se compra una buena trufa negra melanosporum, quizás el aroma no es tan fuerte pero puede perfectamente satisfacer nuestros deseos de saborear y oler un plato con trufa. Normalmente esta trufa en el mercado se puede comprar a un precio de 900€/kg. Teniendo en cuenta las cantidades que se utilizan, una trufa pequeña que puede servirnos para aromatizar unos 10 risottos, puede costarnos unos 50€. Un precio medianamente accesible por ración si lo que se desea es degustar este producto tan especial.

Cabe destacar que el aroma de la trufa es muy particular y puede no agradar las primeras veces que se prueba, sin embargo, poco a poco y utilizándola en su justa medida, se acaba apreciando y disfrutando.

Una alternativa viable para aromatizar con trufa es el aceite aromatizado, muy adecuado para muchos tipos de platos. Se recomienda utilizar el producto de marcas reconocidas para no acabar consumiendo aromas artificiales.

ENCONTRADA EN SORIA LA TRUFA NEGRA MÁS GRANDE DEL MUNDO

En Soria ha aparecido la Trufa Negra más grande del mundo. Se trata de una trufa de 2 metros de ancho y 2 de alto, que presenta las jornadas gastronómicas de La Ruta Dorada de la Trufa, que giran en torno a este hongo, y que se desarrolla por bares y restaurantes de Soria y su provincia, desde el 7 de febrero hasta el 29 de marzo.

El Tuber Melanosporum, es uno de los hongos más valorados en el mundo de la gastronomía por su aroma y valor económico, y Soria es una de las provincias españolas con más producción y de más calidad.

El comienzo de las Jornadas Gastronómicas de la Ruta Dorada de la Trufa ha quedado marcado con la aparición de esta gran trufa negra, la más grande de la historia.

La Diputación de Soria subastó dos trufas negras de 400 y 560 gramos por 5.000 y 6.200 euros, respectivamente, en el transcurso de la feria gastronómica Madrid Fusión.

La subasta de estos ejemplares las ganaron el propietario del restaurante Prince en Hong Kong y el famoso chef Andrea Tumbarelo, del prestigioso restaurante marbellí Don Giovanni, al que se conoce ya como el «rey de la trufa» y que adquirió la pieza más cara «por un valor sentimental».

Se da la circunstancia de que Tumbarelo realizó la compra junto a la Clínica Menorca. El cocinero italiano trajo a Madrid Fusión, procedente de la localidad italiana de Alba, la última trufa blanca de la temporada, de unos 120 gramos de peso, que también ofreció para la subasta y que se vendió por 2.000 euros.

Huevos trufados

Tan sencillo como bueno.

Envolvemos la trufa o trufas que tenemos en papel de cocina. Por otro lado cogemos un bote de cristal que tenga una tapa hermética. Vamos introduciendo los huevos en el bote y vamos intercalando las trufas envueltas en papel. Cuando hayamos llenado el bote lo cerramos bien cerrado y lo metemos en la nevera.

Esperamos dos o tres días y…. voilà! Tenemos huevos con sabor a trufa, y además podemos utilizar la trufa para cocinar el menú que habíamos pensado para nuestros amigos.

No es magia, es física y química. La cáscara del huevo es muy porosa aunque a simple vista no se aprecie. Eso hace que el olor (gas) de la trufa penetre a su través hasta mezclarse con la yema y la clara del huevo.

Cuando cocinemos estos huevos trufados (cocidos, pasados por agua, fritos, revueltos, etc.) apreciaremos en la boca el sabor de la trufa que los ha impregnado sutilmente.

 

Trufas con salmón (cocina erótica)

Gordas y redondas trufas frescas, empolvoreadas de nuez moscada y pimienta negra, envueltas en grasa de cerdo, y selladas en papel aluminio. Sobre cenizas de buena madera de un árbol fragante-peumo, robre – durante cuarenta a cuarenta y cinco minutos.

En una fuente, filetes de salmón del pacífico, crudos y con jugo de limón. Sacar las trufas asada de sus  ataúdes metálicos. Envolverlas ahora en los filetes, y ¡a comer se ha dicho!  Y después, Venus de la mano llevará a los amantes suavemente al encuentro del relámpago.

Extraído del Libro: La cocina erótica del conde Lafourchette

Menú para una buena bacanal

Hoy reunimos en un comentario dos temas que me apasionan: los romanos y la comida. Los primeros se han ganado su lugar en la historia por cortesía del gran poder político y militar alcanzado y por el legado cultural del que el mundo aún disfruta. Añado la comida porque siempre es una buena receta para reunir a los lectores, y porque aquel pueblo de la antigüedad dedicó muchos de sus esfuerzos y recursos para lograr que su gastronomía nos haya llegado de la mano de una de sus más famosas celebraciones, las bacanales.

Bacanal

Entendamos por “Bacanalia” las fiestas dedicadas al dios Baco en las que se comía y bebía sin medida en la antigua Roma y que tenían su origen en las “Dionisiacas” griegas. Vaya por delante que en este artículo me limitaré al ámbito de la comida y dejaremos las también célebres prácticas de “entretenimiento” de las que los romanos solían disfrutar después de un buen banquete.

Las primeras bacanales tuvieron lugar alrededor del año 200 a.C. y estaban limitadas a las mujeres, que celebraban sus fiestas entre el 16 y el 17 de marzo de cada año en la arboleda de Simila, cercana al Monte Aventino. Poco a poco permitieron la participación de los hombres y se aumentó su asiduidad, llegando a hasta cinco juergas por mes. El problema fue que en dichas funciones, además de ser fuente de incontables escándalos, sus participantes aprovechaban para tramar conspiraciones en contra del gobierno y oficiales del estado, por lo que fueron prohibidas en el año 186 a.C. No me costará mucho convenceros que a aquellos ancestros de los italianos los costó mucho desobedecer la ley, y siguieron organizando bacanales hasta bien entrado el imperio. Ahora bien, olvidémonos de políticas y pasemos al tema del menú.

Como bien sabrán la mayoría de los lectores, muchos de los ingredientes que actualmente conforman el recetario europeo no Apiciusse conocían hace dos mil años y tuvieron que esperar a que el signore Colón nos las trajera de América, pero eso no evitaba que los romanos contaran con una amplia variedad de plantas y animales traídos de todos los confines del imperio para elaborar sus platos en mezclas, de lo más exótico para la mayoría de nosotros. En un libro que conservo desde la infancia, aparece un menú del famoso libro de recetas de Marcus Gavius Apicius que, aunque seguramente escrito en el siglo IV o V, refleja verazmente la cultura gastronómica de todas las épocas romanas:

Aperitivos

Medusas y huevos

Ubres de cerda rellenas de erizos de mar salados

Cazuela de sesos cocidos con leche y huevos

Hongos de árbol hervidos, en salsa de grasa de pescado y pimienta

Erizos de mar con especias, miel, aceite y salsa de huevos.

Servicio Principal

Corzo asado con salsa de cebolla, ruda, dátiles de Jericó, pasas, aceite y miel

Avestruz hervida con salsa dulce

Tórtola hervida en sus plumas

Loro asado

Marmota rellena de cerdo y piñones

Jamón hervido con higos y laurel, frotado con miel y asado en masa de harina

Flamenco hervido con dátiles

Postre

Fricasé de rosas con masa para pasteles

Dátiles deshuesados rellenos de nueces y piñones, fritos en miel

Pasteles calientes africanos de vino, con miel.

Extravagante, diréis algunos, asqueroso, otros.  A mí me llama la atención la ausencia del aceite de oliva…

Si os fijáis bien, en uno de los aperitivos podemos leer que se utiliza “salsa de grasa de pescado y pimienta”. Esta era la conocida Garum, que por sus ingredientes y particular método de elaboración merece un apartado. El origen del nombre de este condimento está en el pez garo, o garón, ya conocido y consumido por los griegos.

Se mezclaban los intestinos y los restos viscerales de este y otros garumpeces como el atún, el esturión y la morena, y se dejaban en una vasija de barro a fermentar, de preferencia en un lugar cálido, para propiciar aún más su descomposición. Pasadas un par de semanas, la pasta remanente estaba lista y se mezclaba con agua, vinagre, pimienta, sangre y aceite, entre otros, y se añadía a los platillos más suculentos para darle un toque salado. Todo un Delicatessen.

Probablemente para quitarse el sabor tan peculiar del Garum,  aunque no necesariamente, en las mesas romanas no faltaba el vino, normalmente rebajado con agua y endulzado con miel, pero que bebían en tal cantidad que la sobremesa se animaba entre músicos y bailarinas hasta terminar en prácticas que, como decía anteriormente, me abstengo de listar en público.

Como veis, los romanos se lo pasaban bien, al menos los ricos pues el pueblo llano difícilmente tenía acceso a tan codiciados ingredientes y tenían que conformarse con alimentos más prosaicos como el pan, el queso, pescado y alguna que otra verdura, más o menos lo mismo que sucede en nuestra sociedad. Para sus descendientes modernos, puede que los menús de las bacanales nos parezcan extraños y muy alejados de los manjares del siglo XXI, pero no quita que algún lector se anime a preparar alguna de estas deliciosas y bien documentadas recetas. Si lo hace, que no se olvide de invitarme.

El Día de Acción de Gracias: Historia y menús

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El ‘Día de Acción de Gracias’ (Thanksgiving day) es una de las tradiciones más populares de cuantas son celebradas por los norteamericanos. La típica estampa de la familia reunida alrededor de un enorme pavo y una mesa llena de apetitosas viandas es muy común verla en infinidad de fotografías, films y series.

El motivo de esta celebración es el de dar gracias por todo lo recibido a lo largo del último año (salud, trabajo, bienestar, amor…) y, normalmente, el destinatario de esos agradecimientos suele ser la figura de Dios (aunque cada vez hay más personas que no profesan religión alguna y que siguen celebrando esa jornada tan especial).

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Desde 1941 se celebra cada cuarto jueves de noviembre, pero hasta entonces se había realizado desde sus inicios el último jueves en lugar del cuarto. El motivo del cambio fue a raíz de la petición realizada por Fred Lazarus Jr. (por aquel entonces máximo responsable de los grandes almacenes Macy’s) quien convenció al mismísimo presidente Franklin Delano Roosevelt para que adelantase una semana en el calendario la celebración del Día de Acción de Gracias y así disponer de más días de venta de productos y regalos navideños, debido a que al día siguiente (conocido como ‘Black Friday’viernes negro) comienzan las rebajas y con ellas la campaña de Navidad.

Pero el Día de Acción de Gracias no es una celebración moderna, ya que hay constancia de que empezó a celebrarse durante el primer cuarto del siglo XVII. La mayoría de los historiadores apuntan al año 1621 y localizan a quienes iniciaron esta tradición en la Colonia de Plymouth (que hoy en día forma parte del estado de Massachusetts).

Según explican crónicas de la época, un grupo de colonos (muy posiblemente de procedencia holandesa; aunque algunos historiadores indican que eran británicos protestantes, pertenecientes al puritanismo y que habían sido expulsados de Inglaterra) llegaron hasta aquel lugar en los inicios del frío invierno de 1620. Iban desprovistos de lo más esencial y a las pocas semanas comenzaron a escasear sus alimentos, algo que provocó que muchos de ellos enfermasen y comenzasen a fallecer. Entrados en la primavera de 1621, un grupo de indios nativos fue al encuentro de los nuevos colonos, mostrándose afables y prestándoles todo tipo de ayuda y enseñanzas para que labrasen sus campos, de cara a cultivar sus propios alimentos. También les enseñaron a pescar y cazar, por lo que los nuevos residentes de la Colonia de Plymouth obtuvieron unos excelentes resultados, pudiendo tener buenas siembras.

En agradecimiento a los indígenas les ofrecieron una celebración donde compartieron sus alimentos. Año tras año se tomó la costumbre de reunirse todas las familias de la colonia y dar gracias por todo lo conseguido en los anteriores doce meses. Ese acto es el que (según la mayoría de expertos) se señala como el inicio de la tradicional celebración del Día de Acción de Gracias.

Como es de imaginar, poco a poco fue extendiéndose la costumbre entre otros colonos, llegando a abarcar la totalidad del territorio norteamericano y convirtiéndose en algo tan popular y arraigado que, en 1863, el presidente Abraham Lincoln proclamó oficialmente el último jueves de noviembre como día de fiesta nacional, con el fin de que todas las familias pudiesen reunirse y celebrar el Día de Acción de Gracias.

Este día se ha convertido en una de las fechas más especiales y preferidas por la mayoría de familias norteamericanas. También cabe destacar los múltiples actos que se celebran a lo largo del día en multitud de poblaciones, entre ellos el gran desfile que organiza los grandes almacenes Macy’s.

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El menú típico de Acción de Gracias es un auténtico festival de comida, pero no siempre fue así. La característica que sí se mantiene hoy respecto a sus primeros años es que se trata de platos donde priman los productos estacionales de temporada, especialmente aquellos relacionados con las cosechas de final del verano y de otoño. Así, se agradece con la cena la abundancia de productos conseguida tras el trabajo de la tierra.

Apenas hay menciones en las fuentes históricas que nos indiquen en qué consistían los festivales de la cosecha durante los primeros siglos. Tenemos que saltar hasta el siglo XIX para rastrear la evolución del clásico menú de Acción de Gracias, con una referencia en particular: Sarah Josepha Hale, escritora autora de poemas y novelista nacida en 1788.

Como bien cuenta la historiadora Tori Avey, esta mujer es conocida como “La Madre de Acción de Gracias”. Al quedarse viuda y con cinco hijos a su cargo, comenzó a trabajar como escritora, publicando su primera novela Northwood: A Tale of New England en 1827. En dicha obra analiza las diferencias de modos de vida entre el norte y el sur estadounidenses, dedicando todo un capítulo a la cena de Acción de Gracias de una familia en New Hampshire, nombrando platos ya típicos como el pavo asado.

Gracias a su éxito empezó a trabajar como editora para la publicación Godey’s Lady’s Book, una influente revista dirigida a mujeres. En sus páginas comenzó a hacer campaña por promover la celebración de Acción de Gracias en toda la nación, convencida de que una fiesta de este tipo lograra vencer las diferencias entre el norte y el sur el país, al borde de la Guerra de Secesión. Finalmente, en 1863 el presidente Licoln proclamó la festividad nacional fijándola el último jueves de cada mes de noviembre.

Sarah Josepha Hale además difundió una visión idílica de lo que supuestamente fue aquella primera “cena” de Acción de Gracias entre los peregrinos y los nativos americanos, contribuyendo a dar a la celebración un aura de cierto romanticismo ingenuo. Además, publicó un libro de cocina y compartió muchas recetas que forman parte del recetario tradicional estadounidense hoy en día.

A pesar de que no se sabe con exactitud qué se comió en las primeras celebraciones, sí se han conservado documentos que mencionan diferentes menús y platos consumidos a lo largo de su historia. Los vegetales de temporada y el pavo parecen no suelen faltar, pero también se preparaban recetas con pescado y marisco, productos que están casi totalmente desechados hoy en día.

El festín en la actualidad

El núcleo central es, sin duda, el famoso pavo asado. A pesar de ser un ave autóctona de América, lo más probable es que los primeros colonos ya estuvieran habituados a su consumo por aquel entonces. Los españoles habían extendido la cría y consumo de carne de pavo a partir de las primeras colonias del sur y centro del continente, llegando a establecerse en Europa como una comida especial.

El pavo suele ser de grandes proporciones para alimentar a las numerosas familias, y su preparación es casi un ritual que requiere de largas horas en el horno y un sazonado adecuado para conseguir una carne jugosa. El stuffing, relleno, puede incorporarse al propio pavo y/o servirse aparte como guarnición, y suele consistir en una mezcla de pan, hierbas, y a veces carne picada. Tampoco puede faltar la salsa de arándanos, elaborada con la variedad roja, cranberries, y gravy, la salsa elaborada con los jugos del pavo.

El menú lo completa toda una serie de platos de acompañamiento o guarniciones que suelen dar protagonismo a los vegetales de temporada. Las judías verdes, calabaza y boniato son casi imprescindibles, además el puré de patatas que se toma con gravy. Otros platos habituales son las zanahorias y nabo braseados, coles de bruselas, gratinados de distinto tipo, maíz, ensaladas, etc. Todo habitualmente acompañado de panecillos y pan de maíz.

Como colofón al festín, no pueden faltar los postres, donde sin duda triunfan las tartas estilo pie. Calabaza, batata, nueces pacanas, chocolate y manzana son las más típicas, con sus diferentes variaciones. Debido a la gran cantidad de platos diferentes, no es raro que la cena comience a servirse a primera hora de la tarde o incluso antes. Se suele comenzar con el acto de dar gracias, y lo habitual, y casi tradicional, es que haya una gran cantidad de sobras para reutilizar los días siguientes. Si sois seguidores de la serie Friends, seguro que recordáis un incidente con un bocadillo de pavo.

MENU:

Pavo relleno al horno, cebollas a la crema, pastel de calabaza, salsa de arándano, calabaza de castilla, camotes, budín de ciruela, pastel de nuez picada, jugo de arándano, leche, café.

Pavo. Fue escogido por los inmigrantes ingleses para celebrar su primera cena de Acción de Gracias por la primera cosecha en su nueva tierra de libertad. Desde es primer día hasta la fecha, el pavo es un elemento esencial en esta celebración.

Maíz. El uso del maíz representa la supervivencia de las colonias. El cultivo del maíz fue muy importante para los Peregrinos y los nativos indígenas. Era el plato principal y se consumía en toda comida. Había muchas variedades de maíz: blanco, azul, amarillo y rojo.

Alguna cantidad de maíz se secaba para preservarlo y guardarlo como alimento para los meses de invierno. El maíz siempre se trillaba para hacer harina de maíz, la cual se podía usar para hacer pan, pudín, jarabe, o se podía mezclar con frijoles para preparar succotash (cocción de granos enteros de maíz).

Los Peregrinos no conocían el maíz antes de conocer a los indios. Los indios les dieron a los Peregrinos semillas y les enseñaron como cultivarlo. Actualmente los Estados Unidos de América cultivan más hectáreas de maíz que cualquier otro grano.

Calabaza. La calabaza es un alimento originario de América que alimentó a los nativos del territorio americano durante más de cinco mil años. También complementó la nutrición de los primeros colonos, quienes incorporaron este vegetal como un importante elemento de su dieta.

La mayoría de las calabazas de invierno se cosechan cuando están maduras, o sea, cuando la cáscara está dura y no se puede comer. Debido a la protección de la cáscara, estas calabazas pueden cosecharse en el otoño y guardarse por varios meses durante el invierno en un lugar fresco y seco. Muchas de las calabazas se encuentran disponibles durante todo el año aunque la época de mayor disponibilidad es durante el fin del verano, otoño e invierno, volviéndose más escasas en la primavera.

La salsa de Cranberry. Se sirvió en el primer Día de Acción de Gracias y se sigue sirviendo hoy en día. El cranberry es una baya ácida/agria, proveniente del continente norteamericano. Los colonizadores lo encontraron en forma silvestre a través de todo el noreste de los E.U. además de la zona centronorte, cuando se expandieron hacia el oeste.

Originalmente le llamaban “craneberry”, debido a la forma de la flor que era similar a la cabeza y cuello de una garza (crane), o porque frecuentemente observaban a las garzas comiendo esta fruta. Eventualmente se perdió la “e”, resultando en el nombre de cranberry.

La orquídea más cara del mundo

Todas las orquídeas son hermosas pero hay una que tiene otro atributo más, se trata de una planta llamada Rothschild’s Slipper, también conocida como el“oro de Kinabalu”, una especie de orquídea que habita en el Parque Nacional de esa ciudad de Malasia y que se destaca por ser la más cara del mundo.

Lamentablemente las orquídeas Rothschild’s Slipper se encuentran en peligro de extinción, así que las pocas personas que poseen una de ellas son verdaderos afortunados.

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“Un ejemplar de Rothschild’s Slipper tomado de cerca”

Cómo es la planta más cara del mundo

Un ejemplar de Rothschild’s Slipper puede tardar años en florecer (unos 15 más o menos). Estas orquídeas se destacan por sus pétalos horizontales y sus impactantes y grandes flores.

Al ser considerarse plantas valiosas, pueden costar hasta 5 mil euros, los ejemplares del Parque Kinabalu se encuentran bien resguardados y, aunque no lo creas, poseen seguridad privada. Esto es para que nadie pueda dañarlos o robarlos. Pero atención, que si tu solamente deseas verlos puedes realizar una visita al Parque en plena época de floración (cualquier día de abril o mayo). ¡Te sorprenderás!

Flor exótica nacida en el Monte Kinabalu

El monte Kinabalu es el sitio en donde florecen este tipo de orquídeas. Se consideran plantas exóticas dado el lugar de donde provienen y es muy difícil hallarlas en otra parte del mundo. El suelo del monte es apto para estas valiosas plantas debido a la riqueza de minerales que contiene.

Generalmente las flores son únicas y hermosas, tengan la forma y el color que tengan, pero esta orquídea exótica reúne 2 cualidades que la hacen más atractiva que las flores convencionales: posee una belleza suprema y es muy valiosa.

Fotografía: National Geographic.

El sandwich uruguayo que hizo feliz al Che e incomodó a Sabina

El chivito, el sandwich uruguayo que hizo feliz al Che e incomodó a Sabina© EFE, 2014 El chivito, el sandwich uruguayo que hizo feliz al Che e incomodó a Sabina
Es el plato que hizo “feliz de la vida” al revolucionario Ernesto “Che” Guevara, que encandiló y que importó a México el actor Mario Moreno “Cantinflas” e “incomodó” al cantante Joaquín Sabina: es el chivito, el desbordante sandwich uruguayo que a punto de cumplir 70 años cuenta ya con un libro sobre su historia.El pan y la carne de vacuno conviven con el huevo, el queso, la panceta, el pimiento, las aceitunas, el jamón, la lechuga y el tomate en el que “junto al asado es uno de los platos más emblemáticos del país”, afirmó a Efe Armando Olveira, el autor narrativo de “El chivito: rey de los sandwiches de carne”.

“Era una deuda cultural que teníamos. Marcarlo como mojón identitario de nuestro país”, apuntó Alejandro Sequeira, responsable gráfico de la obra, en la que se relata con texto e imágenes el devenir del icónico emparedado, creado casualmente en 1946 por el propietario del restaurante “El Mejillón” en Punta del Este, Antonio Carbonaro y popularizado después en todo el territorio nacional.

Esta fórmula culinaria, que cuenta con una fiesta con su nombre en la provincia que la vio nacer y con innumerables imitaciones, con más o menos variaciones, que pueden degustarse en cientos de locales en todo el país, no ha pasado desapercibida durante las últimas décadas a propios ni a extraños.

Y es que el chivito nació en una época de gran esplendor para Punta del Este como balneario internacional y como un lugar que vio pasar a las estrellas más importantes del celuloide tras la inauguración en 1951 de su Festival Internacional de Cine.

“El punto obligado para todos ellos era El Mejillón”, adonde, como explicó Olveira, llegaron actores de la talla de los mexicanos Mario Moreno “Cantinflas” y Ricardo Montalbán, el francés Ives Montand o la española Lola Flores.

“Un sol enorme, precioso, arena, mar, buenos amigos y el chivito de Carbonaro. ¡Una delicia!”, contó Cantinflas en una entrevista al diario El País en 1958 y recogida ahora por el libro dedicado al suculento plato uruguayo.

Según los autores, tanto gustó el sandwich al comediante, ganador del Globo de Oro en 1956, que decidió llevarse la receta a México, donde la replicó “tantas veces como pudo”.

Hasta la isla de Cuba llegó también la receta de Carbonaro gracias a otro estelar viajero: el líder revolucionario argentino Ernesto “Che” Guevara, participante en 1961 de una reunión del Consejo Interamericano Económico y Social de la Organización de Estados Americanos (OEA) celebrada en Punta del Este.

“Se terminó yendo prácticamente comiendo chivito todos los días, feliz de la vida”, cuenta Olveira, periodista y buen aficionado a estos sandwiches.

Del pan, la carne y el jamón que integraban la idea original de Antonio, el chivito acabó derivando, a lo largo y ancho del país uruguayo y hasta hoy, en un proceso acumulativo de ingredientes. Tantos como gustos e inspiración de cada chef y formando una desbordante montaña no siempre apta para los estómagos más delicados.

“Uruguay se merece la canción más hermosa del mundo. Nuestra intención es sacarnos la espinita del año pasado, cuando se me atravesó un chivito que me dio una enorme cagalera”, declaró el cantante español Joaquín Sabina en 2010.

La razón no es otra que “al ser un plato tan sustancioso, si te lo comes todo y rápido algo te puede pasar, salvo que seas uruguayo y estés entrenado”, ironizó Olveira, convencido de que el protagonista de su libro “para ser chivito tiene que desbordar”.

Paradójicamente, un restaurante con nombre marítimo, El Mejillón, fue la cuna del que se convertiría en uno de los emblemas cárnicos del país del mundo con la cuota más alta de consumo de carne por persona -100 kilos al año- y la mayor cantidad de vacas por habitante.

Todo surgió cuando una madrugada de julio, Antonio Carbonaro (1916-2003) decidió echar mano de la típica carne de vaca uruguaya al no saber qué servirle a una clienta argentina que le pidió carne de chivo, habitual de ese país pero inusual en Uruguay.

El inesperado inventor no dudo un instante en colocar dos trozos de pan e introducir los restos de jamón que le quedaban a esas horas de la noche junto a un churrasco de 120 gramos de filete de vacuno: un chivito sin rastro de chivo que traspasaría generaciones.

“A la mujer le encantó y se convirtió en el mayor atractivo del restaurante, de Punta del Este y de Uruguay entero”, según los autores del único libro que tiene al chivito como único protagonista.

Multitud de entrevistas realizadas al entorno de Carbonaro, un recorrido por diferentes “chiviterías” de dentro y de fuera del país y cientos de imágenes completan las más de 300 páginas en las que los autores se propusieron explicar paso a paso el origen y las anécdotas en torno a este plato nacional.

Un “me encantaría probar un shivitou” lanzó el vocalista de Aerosmith, Steven Styler, en una entrevista previa a un concierto en Uruguay, mientras que la cantante Norah Jones aseguró no poder “dejar de pensar” en comer uno al acabar un recital en el Teatro de Verano de Montevideo” en 2012.

“Invitamos a muchos chefs, que nos trasmitieron sus versiones del plato”, señaló Sequeira al profundizar más sobre el libro y tras explicar la gran popularidad que alcanzó, gracias al boca a boca, la receta de Carbonaro, quien a pesar del éxito de su idea, nunca la registró.

Sin embargo, “no fue necesario”, según los autores del libro, porque “siempre ha habido un reconocimiento tácito de que el chivito fue una creación de Antonio Carbonaro”.

El hostelero vendió su restaurante en 1961 y diez años más tarde El Mejillón cerró para siempre para pasar a formar parte, junto con su creador, de una leyenda que parece no tener fronteras.

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