La fastuosa última cena del Titanic

Aquella fastuosa última cena

por FERNANDO POINT

R.M.S “TITANIC”

Cena, 14 de abril de 1912

Menú del comedor de primera clase

Primer plato

Entremeses: canapés variados, incluidos canapés almirante (con mantequilla y langostinos)

Ostras gratinadas al champán

Segundo plato

Consomé Olga (con oporto y vieiras)

Crema de cebada

Tercer plato

Salmón hervido en caldo corto con salsa muselina y pepinos

Cuarto plato

Solomillos Lili (sobre rodajas de patatas hervidas, con foie de oca, alcachofas y trufa)

Pollo salteado a la lionesa (con tomate y setas)

Calabacines rellenos

Quinto plato

Pierna de cordero en salsa de menta

Patito asado con salsa de manzana

Lomo de buey asado con patatas chateau (torneadas y doradas en mantequilla)

Guisantes, zanahorias con crema, arroz hervido, patatas nuevas hervidas, patatas parmentier (salteadas en mantequilla con perejil fresco)

Sexto plato

Ponche romaine (sorbete con naranja, limón, ron y merengue).

Séptimo plato

Pichón asado con berros

Octavo plato

Espárragos fríos con vinagreta

Noveno plato

Paté de foie-gras

Apio

Décimo plato

Tarta Waldorf (bizcocho glaseado de chocolate con avellanas)

Melocotones en gelatina de Chartreuse

Eclairs (relámpagos) de chocolate y vainilla
Helado francés

MenuCard

No hay un menú más famoso en toda la Historia de la navegación comercial que el que se sirvió para la cena del 14 de abril de 1912 en el Titanic, horas antes de su trágico fin. En realidad, esa noche se sirvieron cuatro cenas a bordo, pero la histórica, la glosada hasta en un pequeño pero enjundioso libro (‘The Last Dinner on the Titanic’, de Rick Archibald, Madison Press Books, Toronto, 1997), fue la del comedor de primera clase, con un fastuoso menú diseñado por el cocinero más famoso e influyente de aquella época, Auguste Escoffier.

Los pasajeros de primera, que había pagado cerca de 100.000 euros al cambio actual por el privilegio de aquel viaje inaugural, se dividieron en dos aquella noche: una fiesta privada en el restaurante ‘à la carte’, y el resto en el comedor que aparece como ‘privé’ en los documentos y menús, pero que era en realidad el gran salón: ése ha sido el más reseñado. Pero también en segunda clase hubo un muy apreciable menú (redactado en inglés y no en el francés entonces obligatorio en todas las grandes mesas), y hasta en las profundidades del puente F, donde viajaban en condiciones espartanas los emigrantes de tercera clase hacia América, se servía una merienda-cena correcta, a base de rosbif y ‘plum pudding’: la White Star se esforzaba por tratar a los viajeros más pobres mejor que otras navieras.

El menú de primera, absolutamente excesivo en cantidad y variedad —cada uno de los 10 servicios constaba, no de un solo plato, sino de hasta tres con sus acompañamientos— no es tan chocante si se examina plato por plato: no hay ya esas imposibles piezas montadas de la cocina decimonónica de Antonin Carême, sino recetas apetitosas, con relativamente pocos ingredientes,producto de la modernización de la ‘grande cuisine’ que desarrolló y reglamentó Escoffier, primero en su Francia natal y luego desde su base operativa del Hotel Savoy de Londres: desde allí asesoró, entre otras, a la White Star. Es lo que hemos conocido como ‘grande cuisine’, y resistió incólume hasta que la ‘nouvelle cuisine’, alrededor de 1970, vino a depurar un poco más aún técnicas y sabores.

El tono muy francés de este menú no impide —Escoffier sabía bien lo que era trabajar para una empresa británica— la presencia de platos bien británicos, en particular el salmón ‘poché’, el eterno cordero con salsa de menta y, cómo no, el rosbif de lomo de buey. No han quedado, que sepamos, datos de los vinos que se sirvieron, sin duda todos franceses salvo algún oporto.

Dicho esto, fueron muchos los banquetes igual de fastuosos en aquella época feliz y plutocrática, antes de la Gran Guerra. Pero las últimas comidas de quienes van a morir siempre han fascinado, morbosamente, más que cualquier otro ágape, y muchos de quienes disfrutaron este menú no vieron la luz del día 15 de abril. Y, más aún, la gran mayoría de los cocineros, pinches y camareros perecieron también.

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