Crónica histórica de la comida

Crónica histórica sobre la comida

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Demuestra Fernández-Armesto en su Historia de la comida que no hay idea del Paraíso que no incluya la
abundancia de alimentos. Las salas de banquetes del Valhalla vikingo son buena muestra de ello. Las grandes
comidas caracterizaban la buena vida en la tierra de las Sirenas, o eso parece según lo cuenta Epicarmo: “Por
la mañana, justo al amanecer, solíamos asar anchoas pequeñas y gruesas a la parrilla, un poco de carne de
cerdo y pulpo, y lo acompañábamos todo con un poco de vino dulce. […] A continuación sólo comíamos un
salmonete grueso, un par de bonitos partidos por la mitad acompañados de sendas palomas torcaces y un
pez escorpión”. Por eso los poderosos, cuando han intentado reproducir el paraíso en la tierra, no se han
olvidado de la glotonería. Los banquetes de Nerón duraban de mediodía hasta la medianoche, Clodio Albino
era famoso porque se cepillaba de una sentada quinientos higos, un cesto de melocotones, diez melones,
nueve kilos de uvas, cien currucas mirlonas y cuatrocientas ostras.

Cuando concluyó la construcción del palacio de Kalhu, allá por el siglo IX antes de Cristo, el rey babilonio
Ashurnishabal celebró un banquete que duró diez días, al que invitó a casi setenta mil personas y en el que
se sirvieron mil bueyes rollizos, 14.000 ovejas, mil corderos, cientos de ciervos, 20.000 palomas, 10.000
peces, 10.000 ratas del desierto y 10.000 huevos. En 1466, la unción de un arzobispo de York fue celebrada
con 300 cuartillos de trigo, 300 toneles de cerveza, 1000 de vino, 104 bueyes, seis toros bravos, mil ovejas,
304 terneras, 304 lechones, 400 cisnes, dos mil gansos, mil capones, dos mil cerdos, 400 chorlitos, cien
docenas de codornices, 200 docenas de andarríos hembra, 104 pavos reales…
En Fiyi nadie puede comer la planta o animal que represente a su tótem. Las embarazadas tampoco deben
comer cangrejo, pulpo o leche de coco para evitar urticaria, verrugas y tos al niño respectivamente.
Para Maimónides “la carne de cerdo contiene más humedad de la necesaria y demasiada materia superflua
[…] Sus hábitos y su comida son muy sucios y repugnantes”. También creía que las mujeres tenían dos úteros,
que correspondían a su número de pechos.

Pitágoras era, según Fernández-Armesto, “un mago cuyos seguidores creían que tenía partes del cuerpo de
oro. Una de sus exclamaciones era ¡Desdichado, abstente de comer alubias!”.
Los orígenes del vegetarianismo contemporáneo se remontan a fines del XVIII, cuando el rápido crecimiento
de la población europea alertó a los economistas sobre la auténtica ventaja de los alimentos vegetales: son más baratos de producir. Adam Smith omitió la carne en su descripción de “la dieta más sana y vigorizante”.

En 1802, John Ritson escribió en uno de los textos sagrados del vegetarianismo que los carnívoros eran crueles y coléricos. Comer carne conducía al robo y a la tiranía.

Sally Rorer llegó a ser proclamada “reina de la cocina” en la década de 1890 en Estados Unidos. Sus bestias negras eran la mostaza, los encurtidos, el vinagre, la carne de cerdo y de ternera lechal, y los fritos. “Cada kilo de carne que sobra es un kilo de enfermedad”.

El triunfo de la comida rápida multiplica los riesgos de intoxicaciones. Pero no es un fenómeno nuevo: los pisos de Roma raras veces disponían de un espacio para comer, así que la gente compraba las comidas ya preparadas a vendedores ambulantes.

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